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Las esferas musicales y el ser humano

 

Cuando escuchamos un determinado sonido, por lo general, nos resulta sencillo discernir lo que consideramos música de lo que nos molesta y llamamos ruido. Desde el punto de vista de la física, esta distinción se hace entorno a la periodicidad que presenta o de la que carece dicho sonido. Existen otras magnitudes físicas que objetivan algunas de las propiedades que tienen los sonidos, como pueden ser el volumen (amplitud de la onda), el tono (la frecuencia) o el timbre (la forma de la onda). En las próximas líneas, se va a reflexionar sobre tres propiedades de la música (melodía, ritmo y armonía) y su relación con las denominadas esferas del ser humano.

Las esferas del ser humano hacen referencia a tres cualidades que presentan las personas que, combinadas de una forma diferente en cada una de ellas, podrían ser interpretadas como una definición de su personalidad o la forma de interaccionar con el entorno.

Cuando escuchamos música, lo primero que nos llama la atención suele ser un ritmo pegadizo (como cuando no podemos despegarnos el estribillo de la canción del verano o la cancioncita de un anuncio). Esto es algo innato, que percibimos por los sentidos pero que no nos plantea más reflexión. Esta esfera, claramente relacionada con la esfera de la sensibilidad, es la que conecta con los sentidos, pues no podemos evitar oír, ver o sentir a nuestro antojo; muchas veces nos resulta inevitable escuchar sonidos procedentes de fuentes no deseadas, es algo puramente biológico. Sin embargo, cuando hablamos de esta esfera del ser humano o del ritmo, no nos paramos a pensar en si el sonido nos gusta o no. Para ello, debemos entrar en la esfera de la afectividad. Ésta está relacionada con los sentimientos y, por tanto, con los gustos. En cuanto a la música, podríamos hablar de la melodía. Muchas veces, elegimos escuchar una canción u otra en función de nuestro estado de ánimo y en esas ocasiones, nos dejamos llevar por la melodía. La melodía que nos acompaña a cada momento la vamos a relacionar con la forma en que nos sentimos en dicho instante; es la banda sonora de nuestras vidas.

Pero también podemos analizar de forma más profunda y menos superficial una pieza musical. Esto es, centrarnos en su armonía. Este aspecto es el más complicado de comparar, puesto que requiere un paralelismo de orden superior. Es una pieza fundamental en el puzzle que queremos construir. Es algo más profundo, requiere más reflexión. Por tanto, no resulta raro que esta esfera corresponda a la esfera de la racionalidad del ser humano, que ha de ser creativa, reflexiva; es la parte más intelectual.

 

Así, si la conjunción de las tres esferas del hombre deriva en la formación de la personalidad de una persona o, al menos, nos da una imagen de la forma de interactuar con su entorno, el ritmo, melodía y armonía, unidas en diferentes proporciones, dan lugar a la formación de piezas musicales. En definitiva, el paralelismo entre las esferas del ser humano y las musicales permite entablar una relación que facilita la comprensión de lo que es la música es su conjunto, desde un punto de vista más completo y complejo, permitiendo dilucidar lo que significan cada una de las componentes que la conforman.

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