Al reflexionar sobre esta cuestión me viene a la cabeza la novela 1984 de George Orwell. En ella se plantea la existencia de una neolengua, una versión simplificada del inglés. El régimen totalitario impone su uso con el objetivo de controlar el pensamiento de la población y evitar lo que el Partido considera “crímenes mentales”, es decir, pensamientos que consideran ilegales. Así, al reducir el vocabulario y la gramática, se establecen límites al pensamiento. Bajo esta premisa, se encuentra la idea de que el pensamiento y las palabras son dos conceptos estrechamente vinculados. Intento buscar formas de pensamiento en las que no sea estrictamente necesario recurrir a palabras, pero solamente me vienen a la cabeza señales de tráfico, semáforos visuales y acústicos… No estoy convencido de que sean buenos ejemplos. El hecho de que hayamos automatizado esos estímulos no significa que no podamos asociar esos pensamientos a palabras. Considero que cuando somos adultos y hemos adquirido...